domingo, 9 de julio de 2017

Sigue el juego

https://www.youtube.com/watch?v=QP2mvrGY94g

Es un torbellino que te arrastrá y no te suelta si no quieres. El miedo penetra hasta el tuétano y
anestesia tu percepción exterior. No quieres afrontar otra cosa, porque no imaginas tu existencia cayéndote, no quieren que lo hagas. Dejas que te domine y te conformas con los ratitos en los que se marcha cuando te duermes, hay noches que desearías poder no dejar nunca de soñar...

Pasan los años y no sabes vivir de otra forma. No sabes caerte, solo te has hecho un par de rasguños y no te gustó el olor de tu sangre. Si fumas, tendrás cáncer. Si bebes, tendrás cirrosis. Si te da mucho el sol, tendrás cáncer de piel. Si no estudias, no tendrás un trabajo estable. Si no tienes aguante, nunca podrás mantener una relación. Si no haces deporte y comes sano, tendrás problemas de salud...

Todo es miedo.

Y sin embargo llega un día que te cansas. O que tropiezas tan fuerte que lo ves. Ves lo que hay detrás del velo de terror. ¿Qué es lo que hay? No hay nada. Es tu vida, nadie puede manejarla salvo tú. Te asustan porque no pueden tomar tus decisiones por ti. Es todo lo que pueden hacer para influenciarte, asustarte. Pero no todos son iguales, ¿qué pasa con los que se juegan la vida todos los días? ¿acaso para ellos no valen las reglas que te marcan? ¿qué pasa con la gente que tiene trabajos precarios y está siempre con una sonrisa? ¿qué pasa con los enfermos de los hospitales que sonríen como niños pequeños cada vez que tienen una visita?

El mundo está lleno de gente que no quiso quedarse mirando, que eligió ser protagonista y se salió del sendero. Son aquellos a quienes los demás miramos desde la masa. Los que se dan la vuelta y nos miran al resto con una sonrisa, sin imponernos su modelo, porque no dejarán jamás que alguien les imponga el suyo. Cuando les miras, ellos detectan tu mirada entre insegura e intrigada, y arden deseos en preguntarte cuánto más vas a esperar para salir a ver el mundo con ellos.

Estoy deseando rasgar el velo contigo.

martes, 6 de junio de 2017

Ocho

Han pasado ocho años desde que os fuisteis. A ti te llevó la ley de vida, pero a ti... tú te fuiste antes de tiempo.

El recuerdo más joven que tengo es de unas navidades, cuando Papá Noel, que siempre era el que dejaba los regalos en tu casa, dejó un gran barco blanco (¿sería una premonición?).  

Después llegaban años en que me picaba contigo porque no dejabas de hacerme de rabiar. Pero siempre estaba Papá Noel para dejar un regalo increíble en tu casa. El año que trajo la mansión de Cásper fue sencillamente fantástico. 

Pero seguí creciendo. Y me enamoré de los tebeos. Y aunque tú no fuiste el primero, siempre estabas ahí, invitándome a tu casa para pasarme las tardes de verano leyendo tus abarrotadas estanterías. Siempre me hablabas de los dibujantes mientras yo solo leía a mis superheroes favoritos. Fuiste el primero en hablarme de John Romita, y de todos los que vendrían detrás. Llegaron las ferias del comic, y aunque siempre nos quedará pendiente Barcelona, jamás me olvidaré de Madrid. Esas naves llenas de estantes con tebeos, los nervios de no saber qué comprar porque quería llevármelo todo... y entonces los encontré. A Thanos y a las Secret Wars. 

Nunca entendía por qué solo comprabas revistas de dibujantes en vez de tebeos, y me las ofrecías aunque sabías que no las iba a leer. No lo entendía entonces, supongo que cuidar de los peques implica también paciencia. Recuerdo nuestras charlas de camino a todo este mundo, donde realmente llegábamos a conocernos, la caña que me metías, cómo hablabas de que no querías conformarte con las cabezas de gambas chupadas de los que estaban más arriba. Pero te las comías, porque hacía muchos años que habías abandonado el orgullo, porque el amor que tenías lo había reducido a una frase absurda.

Me diste tanto antes de irte, me das tanto cada día. Sé que sigues en un rinconcito mirándome, pasándolo mal cuando me caigo y sonriendo cuando avanzo. Lo que te hace grande no es la persona que llegué a conocer en ti, sino todo el camino que te llevó a ser quien fuiste. Te marchaste pronto, como todos los jodidos genios de este planeta, pero te llevo conmigo. Siempre con nosotros.

Vuestro ejemplo vive, ardiendo en nuestro interior.

lunes, 5 de junio de 2017

Igual

Ha pasado tanto tiempo y sigo siendo tan pequeñito que no hago mas que emocionarme cuando miro hacia adelante. Claro que me da un poco de miedo la incertidumbre, pero no es distinto del vértigo que siento cuando estoy en lo alto de una montaña rusa. Se que este viaje va a ser diferente, lo se, porque las palabras que uso no me pertenecen como antes. Viene una nueva etapa, vamos a encontrar un nuevo color, y eso siempre es fascinante.

No puedo dejar de correr y tropezarme. Ni quiero ni puedo.

lunes, 17 de abril de 2017

Viejoven

https://www.youtube.com/watch?v=u-qHnQd2uV0

Juguemos a creernos que crecer es renunciar a lo que te hace feliz. Que los planes acaben derivando peligrosamente en ir a cenar a un restaurante que nadie entienda su nombre, pero del que hablen bien en trip advisor, que no cueste menos de 30 euros por persona pero que con descuento del tenedor se quede en 20, y que por supuesto, en la cena hablemos. Hablemos de cómo molan nuestras vidas, de cómo nos encanta hacer puenting, de nuestras escapadas findesemanescas a pueblos preciosos donde se come de puta madre y hay unas casas rurales mágicas. Hablemos de cosas que ya no podemos hacer porque pasó nuestro momento, excusándonos con antiguas batallitas añorando otros tiempos, cuando "si que sabíamos pasarnoslo bien", de momentos mágicos que hemos dado ya por hecho que no van a volver porque "somos mayores" y ya no es propio de nosotros hacer esa clase de locuras.

Pues ahora que estamos empezando a cruzar la frontera, voy a jugar a creerme que todo esto es hermoso, porque sé que cada instante no va a volver, no va a haber otro momento igual en el que perciba todo con la misma perspectiva, no va a haber una borrachera descontrolada, una piedra de la que me enamore más de lo que haya debido, una temporada caminando en círculos...

Se que todo esto no va a suceder otra vez, y por eso es todo tan jodidamente bello. Y voy a pensar de nuevo en ti, y abrazarte como si no fueses a regresar, porque sé que llegará un día en que no podremos volver a mirarnos. Por eso somos tan dolorosamente bonitos.


Recuerdo lo que me dijo mi abuelo aquella mañana: "Se puede perder la vista, pero nunca la mirada"

martes, 28 de febrero de 2017

Humo

¿Y si todo fuese una mentira?

Imagínate despertar una mañana y encontrar una carta en tu cama, abrirla mientras te tomas el café y leer de manera lenta y detallada una concatenación de argumentos coherentes, adecuadamente hilvanados que te explican cómo los valores que se te inculcaron para convivir en sociedad son tan frágiles como un castillo de naipes.

Imagina que el amor, tal como lo definimos, no existe en ninguna de sus concepciones, que es un estado químico transitorio por el cual todos pasamos en diferentes momentos de nuestras vidas, y que, casi más que sentirlo, importa el hecho de encontrar un recipiente en el que vertirlo, porque si lo acumulas demasiado tiempo dentro de ti te acaba envenenando.

Imagina que la soledad fuese como dormir en la calle. ¿Has dormido alguna vez en la calle? Imagina no tener casa, no tener una familia en la que apoyarte, no tener a nadie que te escuche cuando quieres expresarte. Imagínate construyendo unas paredes de plástico transparentes e intangibles, pero a través de las cuales nadie salvo tu puede pasar. Imagina que llegases a estar cómodo ahí dentro, tan cómodo que te diese una pereza increible dejar a nadie entrar, por si se cuela el frío, o salir. O mejor, imagina que no soportas ese estado, que cada noche cuando llegas a casa después de un largo día de trabajo necesitas comunicarte con alguien porque no eres capaz de meterte en la cama afrontando tus pensamientos, imagina vivir con miedo a enfrentarte a ti mismo, a lo que eres, y estar constantemente evadiendo admitir tu vida metiéndote en la de otras personas.

Imagina que no existe el altruísmo, que valores como la solidaridad, la empatía o el compañerismo se fundamentasen únicamente en la recompensa de la autorrealización personal, la búsqueda de un sentimiento agradable, de paz con uno mismo.

Imagina que la primera norma del mundo fuese no decir la verdad. Por supuesto sería una norma no escrita, puesto que afirmar que se prohibe decir la verdad sería en si mismo una clara manifestación de ésta. Imagina que fuese más práctico creernos una mentira y estirarla hasta que se gaste para, después, creernos otra. Y otra, y otra... pero siempre pudiendo acceder a la verdad. Imagínate que la verdad doliese tanto, que la única forma de admitirla fuese nombrarla también, de vez en cuando, para no darle tanta importancia. Imagina que cada día te contasen la verdad, junto con una infinita saturación de mentiras, eso nos contentaría a todos, ¿no?. Y para que no parezca que estamos edulcorando la verdad, porque eso nos convertiría en mentirosos, podemos decir que estamos ejerciendo nuestra libertad de expresión, y que, al fin y al cabo la gente es responsable de creer lo que quiera creer.

De esta manera, todo acabaría constituyendo una maraña de pensamientos difusos e inconcretos que entran en nuestra cabeza de la misma manera que el humo de un cigarro penetra hasta nuestros pulmones. Pero, eso si, los responsables de creer lo que queremos creer somos nosotros, aquí nadie tiene la culpa, porque nadie ha hecho nada.

jueves, 2 de febrero de 2017

Jóvenes

https://www.youtube.com/watch?v=EZd1IOE-Pe8


He soñado que anoche me rendía, que volvía a llamarte y decía si a todo. Pedía perdón por cosas que no entendía y aceptaba la trama surrealista de una realidad paralela creada para sostener una mente distinta de la mía. Pero yo decía que SI, porque me agobiaba, porque no soportaba el eterno silencio que acompañaba a la palabra NO. Me agarraba a la esperanza de recuperar el esplendor de los días hermosos, de la misma manera que limpiamos los marcos de fotos que nos miran todos los días en el salón. Y me dolía, pero a la vez me sosegaba. Y no me gustaba, pero dolía menos, era un dolor que podía tolerar, podía conformarme con ello. Recordaba un sabor que parecía lejano, un tacto que mis manos no habían olvidado, un olor que volvía a casa por navidad, los sentidos embriagaban mi mente hasta que, tras una espiral de locura, se detenían. Entonces, en ese momento, donde antes había calor, ya no estaba. La realidad destapaba las sábanas mientras la verdad esperaba apoyada en la puerta de la habitación, con una mirada familiar de ya te lo dije.

No era distinto, era lo mismo de lo que huímos.

jueves, 5 de enero de 2017

... y, tras haber contemplado relajado el manto de sueños que aquella noche ofrecía, maté todos mis peros para salir a correr detrás de mi tiempo.