martes, 26 de febrero de 2013

Como si fuese ayer

Un coche verde aparcó en la puerta de la estación. Él ya estaba esperando de pie en la puerta: un chándal de adidas con la capucha puesta insinuando unos enormes cascos blancos.
Estás más gordo -dijo el conductor mientras bajaba la ventanilla del coche.
-Yo te recordaba con algo mas de pelo, respondió con una sonrisa.
En el trayecto desde la estación hasta mi casa nos pusimos al día acerca de los temas mas lógicos, los importantes vendrían después. Cuando entramos por la puerta mi madre apenas le recordaba. Habían pasado 3 años y medio desde aquellas increíbles dos semanas. Puedo asegurar que aquella fue la única vez que fui a la playa y no me puse moreno porque, en aquel verano, mi verano de segundo de bachillerato, aprendí a mirar el mar con otros ojos. Descubrimos que la playa si que podía ser nuestra y todas las noches la recorríamos corriendo antes de llegar a casa a dormir cuando los primeros coches sonaban. Para mi todos los veranos son el cielo, pero estoy seguro de que nunca he sonreído tanto a las estrellas como aquellas noches. Aprender a escuchar lo que dicen las olas es un privilegio que no todo el mundo tiene la suerte de poder compartir.

Y aquí nos encontrábamos ahora, como si no hubiese pasado el tiempo, ambos disfrazados preparados para morir juntos aquella noche, como debía ser, y quemar la play a la mañana siguiente.

El resto de detalles se los reservan los autores de la historia, tan solo dar gracias por estos momentos que te da la vida, porque son los que realmente hacen que las cosas tengan auténtico valor.

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