Le ha ocurrido desde que tiene memoria. Al principio con sus héroes favoritos de los dibujos animados. Con mamá, con papá, y también con Diego, quizás porque siempre ha sido el mayor. Más tarde con su tío, que siempre tiene algo nuevo que enseñarle. Empezó el colegio y el concepto se hizo más latente: compañeros menos tímidos, que tienen más apoyo del resto de la clase o simplemente molaban más que él. En el instituto todo esto se multiplicaba por veinte... Ya en la universidad era distinto, porque como "hemos madurado", ya no somos tan críos y tontuneros como antes. Como habíamos crecido un poquito más, también habíamos aprendido a disimular un poquito. En todos los temas de la vida estaba latente, con los amigos, con las chicas, con los vecinos, los compañeros, los conocidos, los libros... Por mucho que pase el tiempo no puede evitar llegar tantas veces de vez en cuando a la ridícula y cierta conclusión de lo tremendamente pequeños y absurdos que somos en este mundo, sobre todo cuando nos comparamos con aquellos que tienen cualidades que anhelamos tener pero que aún no hemos alcanzado. Entonces es cuando decidimos correr detrás de ellos y evolucionar, o quedarnos desde abajo contemplando las vistas. Y la verdad es que no sabría decir que es lo que prefiere, porque desde que fue a Nueva York ha cambiado ligeramente su perspectiva sobre este tema.
Pero lo que desde luego tiene claro es que él y solamente él elige quien le hace sentirse chiquitito. Porque es libre. Porque es su regalo
lunes, 29 de septiembre de 2014
domingo, 21 de septiembre de 2014
Lo que nos une
Mamá siempre nos decía que no nos quedásemos en casa por las tardes, que saliésemos a jugar con los demás chicos. Había tardes que ninguno de nuestros amigos salía, y mi hermano y yo nos pasábamos horas tirando piedras a los árboles esperando a que llegase la hora de merendar. Con tal de no aguantar las broncas de mamá incluso éramos capaces de jugar con gente que no conocíamos de nada. Ahora que somos un poquito más mayores, empezamos a hacernos una idea de cuanta razón tenía.
Era increíble la mala leche que tenía cuando se enfadaba, pero siempre tenía una sonrisa para todo el mundo. Nunca vimos a nadie enfadado con ella, aunque de vez en cuando nos contaba algún que otro problema... Siempre nos decía que lo más importante en esta vida eran las formas, que eso de tener o no la razón era algo secundario, porque lo que más valoramos en este mundo es la manera de hacer las cosas. A nosotros por aquel entonces nos sonaba a chino, pero la verdad es que según voy creciendo cada vez estoy más convencido de la verdad de aquellas palabras.
Es muy cierto que falta amabilidad. No con los más cercanos, sino con la gente que nos rodea en general. Nos encerramos en nuestra zona de confort y rechazamos todo aquello que, siendo bueno o pernicioso, pretenda desestabilizar ese equilibrio que nos mantiene "estables". Es entonces cuando rechazamos viajar solos, salir de fiesta con gente que no conocemos, ver series en versión original o tener un gesto espontáneo con el mundo sin esperar nada a cambio, sin escuchar lo que nos tenga que decir, por el simple hecho de querer tener el detalle.
Mi manera favorita es hacer las cosas robando sonrisas porque todo lo demás, en comparación, resulta bastante irrisorio.
Era increíble la mala leche que tenía cuando se enfadaba, pero siempre tenía una sonrisa para todo el mundo. Nunca vimos a nadie enfadado con ella, aunque de vez en cuando nos contaba algún que otro problema... Siempre nos decía que lo más importante en esta vida eran las formas, que eso de tener o no la razón era algo secundario, porque lo que más valoramos en este mundo es la manera de hacer las cosas. A nosotros por aquel entonces nos sonaba a chino, pero la verdad es que según voy creciendo cada vez estoy más convencido de la verdad de aquellas palabras.
Es muy cierto que falta amabilidad. No con los más cercanos, sino con la gente que nos rodea en general. Nos encerramos en nuestra zona de confort y rechazamos todo aquello que, siendo bueno o pernicioso, pretenda desestabilizar ese equilibrio que nos mantiene "estables". Es entonces cuando rechazamos viajar solos, salir de fiesta con gente que no conocemos, ver series en versión original o tener un gesto espontáneo con el mundo sin esperar nada a cambio, sin escuchar lo que nos tenga que decir, por el simple hecho de querer tener el detalle.
Mi manera favorita es hacer las cosas robando sonrisas porque todo lo demás, en comparación, resulta bastante irrisorio.
lunes, 15 de septiembre de 2014
Os dejo un corto que me ha gustado mucho:
http://muhimu.es/politica/sin-pretenderlo-este-corto-se-ha-conviertido-en-el-mejor-ejemplo-de-indenfesion-aprendida-que-vi-jamas/
Me ha gustado mucho, creo que se puede extrapolar a muchos aspectos de la vida. A veces el problema no es que seamos capaces de aguantar el sufrimiento, sino que estemos totalmente convencidos de que no podemos cambiarlo.
http://muhimu.es/politica/sin-pretenderlo-este-corto-se-ha-conviertido-en-el-mejor-ejemplo-de-indenfesion-aprendida-que-vi-jamas/
Me ha gustado mucho, creo que se puede extrapolar a muchos aspectos de la vida. A veces el problema no es que seamos capaces de aguantar el sufrimiento, sino que estemos totalmente convencidos de que no podemos cambiarlo.
lunes, 8 de septiembre de 2014
En el último día de nuestro último verano antes de ir a la universidad escribimos en una hoja todas las cosas que queríamos hacer antes de hacernos mayores de verdad,y las guardamos en una caja con llave. Prometimos volver a abrirla dentro de 13 años, aunque algunos no necesitarán volver a abrirla :)
domingo, 31 de agosto de 2014
Cruzando el paraiso
Antes de empezar a leer la entrada, recomiendo hacer click en este enlace:
https://www.youtube.com/watch?v=EE9a4paOHPc
Me encantaría prometer que las noches de salir a machacar nunca se van a acabar. Que seguiremos quedando para ver los partidos de baloncesto de España o para celebrar el día de gordos en navidades. Y también en agosto. Que los miércoles se come en veterinaria. Me encantaría jurar que seguiremos haciendo fiestas en mi casa cada verano por fin de exámenes y que me pondré de mala ostia cada vez que estando borracho reciba una colleja. Que nos quedan miles de conciertos en los que cogernos de los brazos, saltar y gritar juntos, que seguiremos sintiendo la sensación de estar solos cuando nos encontramos en medio de toda la gente en un reencuentro, tras llevar unos cuantos meses sin vernos. Que llevaremos a cabo un proyecto de ley por el cual se prohiba a nadie ausentarse en las cervezas después de los partidos. Que cuando cada vez que vayamos al cine y me indigne por el precio de la entrada, acabaré maravillado por la peli, que practicaremos la canción de feo fuerte y formal hasta que nos la sepamos bien con la guitarra, que algún día acabaremos dando un concierto todos juntos. Que las noches de verano siempre se acabarán cuando la gente salga de casa para ir a trabajar, y siempre saldremos a correr por la playa antes de ir a dormir. Que después de una gran borrachera y una tremenda resaca, el día posterior nos lo pasaremos viendo pelis, jugando a la playa y lo llamaremos "día de solteros". Que nos quedan muchas noches escuchando a Bob Marley, a Tool y a los padres del Blues en el coche, después hacer la patrulla con el volumen a tope mientras suena la intro de Los Soprano. Que la policía seguirá cortándonos el rollo a las 3 de la mañana mientras vemos las estrellas en las cañadas. Que seguiremos gritando que no necesitamos ninguna excusa para salir un viernes a cantar por Madrid, o para visitar cualquier lugar del mundo dando lo mejor de nosotros. Que nos aprenderemos todas las canciones de Loquillo y un día gritaremos todos juntos Cuando fuimos los mejores hasta quedarnos sin voz. Que por un colega se viaja a Irlanda, se va al Vellón, a un garito lleno de paraguayos a bailar bachata, a una graduación de medicina o a un mitin de UPYD.
No prometo que siempre será así, pero prometo que cada vez que nos encontremos seguiré viéndoos con los mismos ojos. Gracias amigos.
https://www.youtube.com/watch?v=EE9a4paOHPc
Me encantaría prometer que las noches de salir a machacar nunca se van a acabar. Que seguiremos quedando para ver los partidos de baloncesto de España o para celebrar el día de gordos en navidades. Y también en agosto. Que los miércoles se come en veterinaria. Me encantaría jurar que seguiremos haciendo fiestas en mi casa cada verano por fin de exámenes y que me pondré de mala ostia cada vez que estando borracho reciba una colleja. Que nos quedan miles de conciertos en los que cogernos de los brazos, saltar y gritar juntos, que seguiremos sintiendo la sensación de estar solos cuando nos encontramos en medio de toda la gente en un reencuentro, tras llevar unos cuantos meses sin vernos. Que llevaremos a cabo un proyecto de ley por el cual se prohiba a nadie ausentarse en las cervezas después de los partidos. Que cuando cada vez que vayamos al cine y me indigne por el precio de la entrada, acabaré maravillado por la peli, que practicaremos la canción de feo fuerte y formal hasta que nos la sepamos bien con la guitarra, que algún día acabaremos dando un concierto todos juntos. Que las noches de verano siempre se acabarán cuando la gente salga de casa para ir a trabajar, y siempre saldremos a correr por la playa antes de ir a dormir. Que después de una gran borrachera y una tremenda resaca, el día posterior nos lo pasaremos viendo pelis, jugando a la playa y lo llamaremos "día de solteros". Que nos quedan muchas noches escuchando a Bob Marley, a Tool y a los padres del Blues en el coche, después hacer la patrulla con el volumen a tope mientras suena la intro de Los Soprano. Que la policía seguirá cortándonos el rollo a las 3 de la mañana mientras vemos las estrellas en las cañadas. Que seguiremos gritando que no necesitamos ninguna excusa para salir un viernes a cantar por Madrid, o para visitar cualquier lugar del mundo dando lo mejor de nosotros. Que nos aprenderemos todas las canciones de Loquillo y un día gritaremos todos juntos Cuando fuimos los mejores hasta quedarnos sin voz. Que por un colega se viaja a Irlanda, se va al Vellón, a un garito lleno de paraguayos a bailar bachata, a una graduación de medicina o a un mitin de UPYD.
No prometo que siempre será así, pero prometo que cada vez que nos encontremos seguiré viéndoos con los mismos ojos. Gracias amigos.
jueves, 14 de agosto de 2014
Entrevista
… Ahora queremos que explique por qué ha de ser el seleccionado de entre todos sus compañeros. Dispone de un minuto y ciento cuarenta palabras.
-Tiempo.
La manecilla larga que apuntaba a las 12 comenzó su recorrido.
El aspirante hizo ruido al echar para atrás la silla donde estaba sentado. Se levantó, cogió aire:
-Pues yo…
¡¡¡¡¡CIENTO TREINTA Y NUEVE, CIENTO TREINTA Y OCHO!!!!! –una fuerte voz gritaba por un altavoz cada vez que pronunciaba una palabra.
-Llevo un par de años trabajando de becario en una empresa relacionada con el sector, y creo que podría aportar muchas cosas, como por ejemplo...
“¡¡¡¡¡CIENTO CATORCE, CIENTO TRECE!!!!!”
El aspirante trataba de mantener la compostura.
“¡¡¡CIENTO TRES, CIENTO DOS!!!”
La manecilla señalaba las cinco.
“¡¡¡CUARENTA Y TRES, CUARENTA Y DOS!!!”
Los hombres sentados ponían cara de no entender nada. El aspirante miró a su alrededor, trató de pensar rápido.
La manecilla señalaba a las siete.
Entonces vio una pizarra blanca con un rotulador en la pared de la izquierda. En ella escribió:
“IMAGINACIÓN”
martes, 15 de julio de 2014
Berlín
Las calles son grandes, muy amplias. Tan anchas que da igual la cantidad de gente que camine por ellas, siempre da la sensación de que la ciudad se encuentra medio vacía. El problema llega en invierno, cuando el viento juega a correr entre los edificios, y si no te has acordado de ponerte dos o tres sudaderas por la mañana, acabas lamentándolo.
En esos fríos días, en los que el sol se va a dormir a la hora de la siesta en España, me gustaba refugiarme en el metro. Me gustaba mirar a la gente, y la verdad es que no es igual que en Madrid. No diré que prefiero el metro de Berlín porque para mi el metro de Madrid es el mejor del mundo, pero es cierto que la gente tiene otro semblante. Más relajado, más pausado, como si quisiesen disfrutar del viaje, y no me extraña porque cuando pasas por estaciones como Heidelberger Platz o Hackescher Markt da la sensación de que los Berlineses han colonizado a toda una civilización en las profundidades. Sin duda es una experiencia increíble.
Sin embargo, lo que más me llamó la atención se encontraba arriba, en la superficie. Cuando salí de la parada de Alexanderplatz, resguardado bajo el "átomo" un joven tocaba la marcha turca con una guitarra eléctrica. Esperé pacientemente a que acabase y le ofrecí café o un chocolate caliente (estábamos a -5ºC) pero amablemente declinó mi oferta.
Me sorprendió que en una ciudad tan fría y grande las calles estuviesen llenas de música.
En esos fríos días, en los que el sol se va a dormir a la hora de la siesta en España, me gustaba refugiarme en el metro. Me gustaba mirar a la gente, y la verdad es que no es igual que en Madrid. No diré que prefiero el metro de Berlín porque para mi el metro de Madrid es el mejor del mundo, pero es cierto que la gente tiene otro semblante. Más relajado, más pausado, como si quisiesen disfrutar del viaje, y no me extraña porque cuando pasas por estaciones como Heidelberger Platz o Hackescher Markt da la sensación de que los Berlineses han colonizado a toda una civilización en las profundidades. Sin duda es una experiencia increíble.
Sin embargo, lo que más me llamó la atención se encontraba arriba, en la superficie. Cuando salí de la parada de Alexanderplatz, resguardado bajo el "átomo" un joven tocaba la marcha turca con una guitarra eléctrica. Esperé pacientemente a que acabase y le ofrecí café o un chocolate caliente (estábamos a -5ºC) pero amablemente declinó mi oferta.
Me sorprendió que en una ciudad tan fría y grande las calles estuviesen llenas de música.
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