jueves, 24 de octubre de 2013

Procrastinación



-El otro día leí en el periódico una palabra que me llamó mucho la atención: procrastinación.

-¿Sabes lo que significa?


-Iba a buscarlo, pero al final se me olvidó, espera que miro en el móvil... Procrastinar, "diferir, aplazar".

-Para mí, procrastinar es empezar a ir al gimnasio en enero y dejar de ir a las dos semanas. Es seguir viendo las hojas en blanco del cuaderno que un día prometiste llenar de cuentos. Es empezar a estudiar un mes antes de los exámenes en vez de llevar al día las asignaturas. Es decirle a tu primo pequeño que un día le llevarás a ver un partido del Madrid y que te acabe llevando él en su coche. Es gritar a los 7 años que algún día cambiarás el mundo y no votar a los 18. Es no decirle lo que le tienes que decir a la chica que te gusta. Es encontrarte a un viejo amigo por la calle, concluir la conversación diciendo que a ver cuándo nos vemos y volvértelo a encontrar un día en el supermercado haciendo la compra con los niños. Es decirle a tu abuela que irás a comer los martes a su casa y acabar viéndola los sábados cuando ella viene a la tuya...

-Vaya, el tema da para unas cuantas cervezas...

-Te propongo jugar a un juego: vamos a escribir en un cuaderno todas las cosas que nos propongamos hacer, para que no se nos olviden. Pondremos un tic en aquellas que hayamos llevado a cabo y,cuando volvamos a encontrarnos, nos los intercambiamos. Así será como si todo este tiempo hubiésemos estado juntos.

lunes, 7 de octubre de 2013

La primera en la frente

Vuelven los agobios, la rabia, la impotencia y, después de todo, la asimilación de la realidad. Concluyes que este año vas a tener que tomarte otra vez la cucharadita de mierda, y valoras la posibilidad de atesorar cada instante de felicidad, porque tienes muchas cosas que hacer... y el fracaso no es una opción que contemples.

Te agarras a todo lo positivo que tienes a mano, cierras los ojos. Empiezas a correr.

martes, 24 de septiembre de 2013

Hoy tengo un día

de esos que te despiertas con sueño. No te da tiempo a ducharte y a desayunar porque te has quedado dormido y tienes que llegar a tiempo a una clase práctica que tienes a las ocho y media de la mañana. Aprovechas la hora y cuarto de trayecto para recuperar sueño en el tren, porque los cascos se te han vuelto a estropear, así que la banda sonora de hoy es interpretada por Dolores de Cabeza. Llegas a clase 5 minutos tarde, lo suficiente para perderte el comienzo de la explicación del profesor. En la pizarra aparece una estructura, qué fea es. No sabes cómo empezar a resolverla. El profesor empieza a preguntar voluntarios que aporten ideas. Te callas como una puta. Empieza la ruleta rusa, salen nombres al azar y... ¡enhorabuena! hoy te has librado, pero por si acaso evitas cruzar tu mirada con la del profesor durante toda la clase.
Pasan las clases, seguimos erre que erre con el dolor de cabeza, con los agobios por los exámenes que se acercan, con la planificación de esta tarde y con esa conversación de besugos que tienes pendiente en el wasap. Llega la hora de comer, sales rápido de clase pero te distraes hablando con un par de colegas y pierdes el metro de las 3 menos veinticinco, y el autobús de las 3, y el capítulo de big bang que echan a las 4...
Entras en casa y tiras la mochila al lado de los pufs. Pones a calentar un tupper de esos que mamá deja ya preparaditos y te tumbas en el sofá. Tienes que volver a calentarlo porque te has quedado dormido un buen rato, menos mal que ha llegado mamá a casa para despertarte... cuando te quieres dar cuenta son las 5 y media y no has hecho nada. Piensas en la práctica que tienes mañana y te pones a estudiar tras tomarte un gelocatil.
Borras el resto del día de tu memoria, salvo el partido del aleti, qué crack que es Diego Costa. Mañana más y mejor.

domingo, 18 de agosto de 2013

Te morías por volver

con la frente marchita, como cantaba Gardel, por sentarte en un bar a contar tus historias con unas cervezas por delante, compartir todos esos buenos recuerdos y experiencias que has tenido la fortuna de acumular durante todo el trayecto. Tienes tanto que contar que no sabes ni cómo vas a hacerlo, pero te da igual porque necesitas soltarlo, necesitas sentir que has regresado a casa. Y que vean que no eres el mismo. Saliste corriendo sin saber muy bien lo que buscabas, necesitabas huir, alejarte de todo y aclarar tus ideas. Viste salir el sol desde veinte lugares distintos, contaste veinte veces las estrellas asegurándote de que no faltaba ninguna, aprendiste que un idioma distinto no hace diferentes a las personas, pues a veces dos lenguas pueden juntarse en una sola. Adoptaste la cerveza como religión universal, brindaste por mil y un motivos distintos, cantaste hasta quedarte sin voz y seguiste cantando hasta que la policía te dijo que no, te bañaste en playas, fuentes, ríos, arroyos, hiciste nuevos amigos, amigas, descubriste que puedes llegar a un lugar y sentirte como si hubieses pasado toda tu vida allí. Intercambiaste sonrisas por historias.

Pero lo que mejor te hacía sentir no eran todas esas anécdotas, era el haber tenido la libertad de llegar a conocerte un poquito más a ti mismo.

viernes, 12 de julio de 2013

Monstruo

Sumerges la cabeza debajo del agua y cierras los ojos.

Poco a poco empiezas a sentir las emociones, deseos, sentimientos. Tu primera reacción es salir, que acabe, pero intentas bloquear tu mente y sigues adelante, pasan los segundos que suenan como tambores en tu conciencia, sientes el esfuerzo, el desgaste y sigues, sigues porque no te planteas otra cosa, porque no dejas a tu cuerpo otra respuesta alguna, te enfrentas en un pulso contra él, a ver quien aguanta más. Flaquean tus fuerzas pero lo que te falta lo sustituyes por mensajes, frases, ánimos, esperanzas, ilusiones... quemas hasta el último de tus cartuchos porque sabes que no lo saborearás plenamente si no lo diste todo. Es entonces cuando te encuentras preparado para afrontar ese momento pleno que estabas deseando, aquel en el que utilizaste todos tus cartuchos, aquel en el que sin oxígeno solamente te queda salir o apagar las luces.

Sacas la cabeza del agua, miras al cielo y exhalas todo el aire que pueden albergar tus pulmones. Bienvenido a tu libertad, úsala como quieras.

domingo, 7 de julio de 2013

Trepa

Las sensaciones son totalmente distintas, desde que te levantas hasta que te acuestas.

Lo hueles en el aire, lo notas hasta en el sabor de las galletas, la música te lo susurra a cada paso que das. Avanzas con la seguridad de quien tiene la certeza de que su camino tiene final. No te sientes como imaginabas sentirte al principio del camino, te sientes mejor, porque sabes que todo lo que estás haciendo tiene un sentido, merece la pena escalar la cima si vas a disfrutar de unas vistas preciosas, pero no puedes dejar de preguntarte si realmente quieres dejar de escalar. ¿Qué es lo realmente importante, escalar para disfrutar las vistas o elegir vistas para seguir escalando? Supongo que es una decisión personal de cada uno, pero por mi experiencia me quedo con la escalada: haces deporte, saboreas el esfuerzo y sabes que no te irás a casa hasta que llegues arriba. Sin embargo, aunque es precioso, el disfrute de las vistas no deja de ser un instante, un instante bello y mágico. ¿Valdría entonces la pena dedicar nuestras vidas a la búsqueda de un instante perfecto de belleza y felicidad? ¿Y después qué?

miércoles, 3 de julio de 2013

Keep bleeding

Cuando cumplió los 18 se dio cuenta de que quizás estaría bien dedicarse a escribir. Su madre le decía que si fuese tan buen estudiante como ocurrente, sería un genio. Nunca se planteó escribir como profesión, pero sí como hobby, para tener algo que realmente le perteneciese, algo que enseñar a la gente. Y así de golpe, una noche de verano con Romeo y Julieta de los Dire Straits sonando de fondo empezó a escribir lo primero que se le pasaba por la cabeza. Al principio lamentó no haber trazado previamente un plan de acción detallado, ya que se quedaba en blanco al final de bastantes líneas. Cuando vio que no iba a ser capaz de seguir hilando palabras durante mucho más tiempo, decidió cerrar su primer cuento. Estaba inacabado, pero se obligó a guardarlo y a ponerle un nombre ya que prefería una obra inacabada que una carpeta vacía.
Han pasado tres años y tres meses desde aquella noche accidental, y ahora, al contemplar su trabajo, empieza a entender un poquito el significado de todo lo que ha construido. Porque, de una forma u otra, no deja de ser una parte de él mismo. Hoy le ha entrado la nostalgia y se ha puesto a revisar todas las carpetas donde guarda cualquier chorrada que se le haya ocurrido en cualquier momento, localizado o perdido, de estos últimos años y no puede evitar sonreírse, mirando con recelo la puerta de su habitación por si hay alguien espiando, pues todavía no ha llegado el momento de compartirlo con nadie.